jueves, 30 de octubre de 2008

Nómada

He mudado de techo tantas veces,
perpetuo caminante,
que un nómada me siento en esta vida.
Tanto cambié de pueblos y ciudades,
rodé por tantas sendas,
que apenas si acomodo los umbrales.

Muy distintos lugares y culturas
han forjado mi alma,
llenando mi memoria de paisajes,
inundando de gentes, tan amadas,
rincones de un enorme corazón,
donde han dejado huella muy marcada.

Habité en las montañas verdeoscuras
que gruesa lluvia esculpe,
en el desierto sur de febril sangre,
en el naciente de ambarinas luces
y en terruños nublados, misteriosos,
por los que el sol sucumbe.

He atesorado olores de esas tierras:
a los violáceos campos de lavanda,
a resinas de pinos centenarios,
a mies recién segada,
a tierra humedecida por la lluvia,
al punzante vahído de la cuadra.

He combatido el frío del invierno
al amor de la encina en los hogares;
he comido del pan, bebido el vino,
hablado de cosechas y de afanes
con las gentes del pueblo,
al frescor de la tarde en los portales.

He ido dejando afectos y pasiones
allá por donde andaba.
Y di tanto de mí, que ahora no tengo,
mas que un zurrón repleto de añoranzas,
ligero cual la brisa
que refresca el camino a mis espaldas...

Félix Gala Pastor.