jueves, 11 de noviembre de 2010

Luz de amanecer

Ya la luna se fue, la noche duerme.
Tan solo hay un lucero allá en lo alto,
brillando en la neblina
que disfraza los álamos del río
con delicadas formas.
Del otro lado,
una línea rosada,
refulgente,
dibuja el horizonte, allá, a lo lejos.

Es tan bella la luz de amanecer,
y es tan fugaz,
que quieren capturarla mis retinas,
y se dilata el alma, y los sentidos
sucumben a la magia del instante
que guardan bajo llave, muy adentro.

Entre los olmos nacen, atenuados,
sonidos de la vida, al afinar
los gratos instrumentos de su orquesta
que, con el primer rayo del naciente,
rompen en armoniosa melodía.
Y esa vida, despierta y renovada,
pasados los temores de la noche,
renace con la aurora en la alameda
al tiempo que renacen mis poemas.

martes, 11 de mayo de 2010

De pronto te das cuenta...

De pronto te das cuenta, amigo mío,
de que tanto anduviste
atrochando por peñas y jarales,
de que trepaste tanto por la vida,
gastaste tanta suela y tanta angustia
que ya no queda nada,
y buscas una sombra en que sentarte
a reposar lo mucho que has vivido.

Y entonces te das cuenta
de que no existen sombras; que espantaste
las muchas que velaron tu existencia,
aquellas negras sombras de la noche
que apagaban el sol durante el día.
Las alejaste tanto y tantas veces,
que ya ninguna quiere socorrerte.

Y ahora te das cuenta
que gastaste el amor de tanto usarlo,
que los versos que escribes o recitas,
apenas son remedos de la pasión perdida,
y que te encuentras solo, abrazado al recuerdo
de los tiempos de orgullos,
de los tiempos de sol.

Y ahora, compungido, echas de menos
los besos que no diste,
los abrazos negados, las palabras no dichas,
la libertad de andar por los caminos,
el continuo avanzar del horizonte,
el incansable vuelo de los pájaros,
los sonidos del agua en los arroyos,
el otoñal dorado de los montes,
el vaho de la lluvia en los sembrados...

Y ya será muy tarde para todo,
amigo mío,
porque tú estarás muerto.

domingo, 9 de mayo de 2010

Resguardaos del viento

Me recluyo en mi celda de silencios,
allí donde la mente corre libre
y llueven las palabras,
como llueven las hojas en otoño,
y allí se quedan trémulas,
aguardando que el trazo de mi pluma
las ordene, las pula y las convierta
en esos bellos versos que cantan al amor.

Espero que no lleguen hasta ellas
tornados que dispersen su hermosura,
que destruyan la magia del mensaje
que un corazón sangrante,
rebosante de amores, le dedica
al más preciado objeto de pasión.

Resguardaos del viento, versos míos...

Encuentro

A veces me pregunto:
¿Qué haríamos tú y yo antes de amarnos,
antes de comenzar nuestro periplo
por las islas del pan y de la miel,
en los tiempos del vino y de las rosas?

Yo imbuido en mi espacio de pinceles,
luchaba con las formas y colores,
pintando los retratos gigantescos
de Marilyn, Trazan o Humphrey Bogart.

Tuyo sería el nimbo de los sueños,
de príncipes azules y de hadas,
de vestidos, perfumes e ilusiones.
Dos ámbitos extraños, diferentes,
que no facilitaban el encuentro
en aquel maremagno de la Urbe.

Pero el destino, terco y testarudo,
finalmente consigue sus propósitos:
En un salón de baile atiborrado
de música, de gentes y de luces,
tu fulgor cautivó mi corazón
nublándome la mente.
Te miré sólo a ti, pues no había nadie,
nadie en tu alrededor, nadie en el mío,
tan sólo unas alondras,
junto a un barroco sol de purpurina,
arriba, en lo más alto dibujadas,
cumplían con los ritos del amor
colmando, con su arrullo, mis sentidos.
Abajo no había nadie, sólo tú,
cruzabas con la mía tu mirada.

Bailamos enlazados mucho tiempo,
tus brazos en mi cuello,
y los míos, ciñendo tu cintura;
tus pechos acoplados con mi pecho,
tu vientre con mi vientre,
tu alma fusionada con mi alma,
gozamos la gloriosa soledad,
pues no había nadie.

Salimos del salón, nadie en la calle,
solos tú y yo, asidos de la mano,
y acunando ese amor, recién nacido,
que nunca morirá.

Alrededor: la noche...

domingo, 2 de noviembre de 2008

Mariposas

Aletea tu amor hasta mi alero
y leve cual paloma en él se posa.
¿Acaso mi tristeza dolorosa,
o mi sentido llanto, fue certero
para captar tu ser de mariposa?

Ese leve contacto, el roce suave,
y el zureo tan dulce de tu boca
han insuflado en mí fuerza de roca,
para llevar a puerto vieja nave
que al llanto y la tristeza ahora revoca.

Gracias amor por tu bendita mano
que, esparciendo el perfume de la rosa,
me ha transformado el alma de cristiano
en un vuelo fugaz de mariposa...

jueves, 30 de octubre de 2008

Nómada

He mudado de techo tantas veces,
perpetuo caminante,
que un nómada me siento en esta vida.
Tanto cambié de pueblos y ciudades,
rodé por tantas sendas,
que apenas si acomodo los umbrales.

Muy distintos lugares y culturas
han forjado mi alma,
llenando mi memoria de paisajes,
inundando de gentes, tan amadas,
rincones de un enorme corazón,
donde han dejado huella muy marcada.

Habité en las montañas verdeoscuras
que gruesa lluvia esculpe,
en el desierto sur de febril sangre,
en el naciente de ambarinas luces
y en terruños nublados, misteriosos,
por los que el sol sucumbe.

He atesorado olores de esas tierras:
a los violáceos campos de lavanda,
a resinas de pinos centenarios,
a mies recién segada,
a tierra humedecida por la lluvia,
al punzante vahído de la cuadra.

He combatido el frío del invierno
al amor de la encina en los hogares;
he comido del pan, bebido el vino,
hablado de cosechas y de afanes
con las gentes del pueblo,
al frescor de la tarde en los portales.

He ido dejando afectos y pasiones
allá por donde andaba.
Y di tanto de mí, que ahora no tengo,
mas que un zurrón repleto de añoranzas,
ligero cual la brisa
que refresca el camino a mis espaldas...

Félix Gala Pastor.